Un proyecto que redefine los countries de Tigre
Dentro del mercado inmobiliario, el segmento countries sigue en plena c. En Zona Norte, una de las novedades es Santa Clara Residences. Se trata de un desarrollo residencial ubicado en Villanueva, Tigre, sobre la prolongación de la Calle Bancalari.
El proyecto, que acaba de iniciar la obra, está implantado frente a la Laguna Santa Clara. El espejo de agua natural tiene una superficie de más de 40 hectáreas y es apto para la práctica de disciplinas náuticas en embarcaciones sin motor, además de kayak, stand up paddle y windsurf, entre otras.
La ubicación estratégica es otro de los puntos fuertes del proyecto, que está emplazado cerca de varias instituciones médicas y colegios. Además, a 500 metros hay un centro comercial.
El masterplan ocupa 2,1 hectáreas y fue diseñado por el arquitecto Claudio Magrini, presidente de Ideas Group S.A., empresa a cargo del desarrollo.
Se compone de tres edificios con vistas abiertas y una relación directa con el agua. En la planta baja están conectados por espacios verdes y en el subsuelo por las cocheras, que suman 300 unidades.
Los edificios se disponen en paralelo a la laguna, priorizan las vistas abiertas y la iluminación natural. “Una de las claves del proyecto es que la escala mantiene una relación directa con el agua”, explica el arquitecto. De hecho, el slogan del proyecto es “Vivir en equilibrio”.
En total son 213 departamentos con variedad de tipologías: estudios con vistas al contrafrente desde 36,8 m2; dos y tres ambientes con vista a la laguna, desde 55,6 m2; y tres y cuatro ambientes con jardín, a partir de 75,4 m2. Además, hay penthouses con terraza privada, parrilla y piscina, que tienen entre 105 y 130 m2.
Las unidades incorporan expansiones exteriores. De acuerdo a la tipología poseen balcones, jardines y terrazas privadas. En lo que hace a servicios, tiene agua, cloacas, gas y fibra óptica.
En cuanto a espacios comunes, se destinaron más de 9500 m2. Se puede disfrutar de un paseo ribereño con muelles; actividades náuticas sin motor; piscinas; canchas de tenis; espacio wellness y un área de coworking. Hay además un restaurante que ya está funcionando.
El emprendimiento se apoya en una propuesta que desde la desarrolladora definen como “Modo on”. Es decir, brindar la posibilidad de concentrar funciones cotidianas dentro de un mismo lugar, con todo lo suficiente para que sea viable vivir, trabajar, estudiar y disfrutar de la naturaleza.
“En Santa Clara Residences, la laguna no solo cumple un rol paisajístico sino que ordena el proyecto. Sobre su borde se estructuran el paseo, los accesos y las visuales. Eso define cómo se habita el lugar”, detalla el directivo.
A partir de esa base, se incorporan tres capas de uso que en varios proyectos del mercado suelen estar dispersas, asegura el arquitecto. “Vivienda, en unidades con expansión, ventilación cruzada y relación directa con el exterior; trabajo, en espacios de coworking dentro del complejo; y tiempo personal, con infraestructura recreativa vinculada a la laguna”.
Esta combinación responde a un cambio observable en los hábitos residenciales. La vivienda deja de ser solo un lugar de permanencia y empieza a absorber funciones que antes estaban afuera: trabajo, actividad física y esparcimiento cotidianos.
En precios, los estudios cuestan desde US$ 82 mil; dos ambientes a la laguna; US$ 155 mil; tres ambientes, a partir de US$ 180 mil; y penthouses, desde US$ 343 mil. Se ofrece una opción de pago estandarizado con un anticipo del 40 % y 36 cuotas en pesos actualizadas por el índice Camarco. Además, hay planes flexibles de acuerdo a las necesidades del comprador.
Ya se iniciaron las tareas de excavación y los valores se irán modificando a medida que avance la obra, que se estima estará terminada hacia fines de 2029. “Es la oportunidad para ingresar a este verdadero paraíso con precios muy convenientes”, dice Magrini.
El perfil del comprador es ABC1 primera línea, que valora un producto premium con una ubicación privilegiada, orientación norte y vistas a una laguna natural, totalmente pura, ya que no tiene conexión con el río.
El arquitecto describe los segmentos que conforman el público comprador: el inversor, que ingresa al proyecto en pozo ya sea para residir o para renta y un consumidor final formado por gente joven y de mediana edad, profesionales, separados y abuelos que quieren vivir cerca de los nietos.
“También por los que transitan el nido vacío y quieren achicarse sin perder confort, comodidad y contacto con el verde. Reducen gastos de mantenimiento y pueden irse de viaje tranquilos porque hay seguridad”, concluye.
Redactora en ARQ y Countries, especializada en real estate lcarbello@clarin.com
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